Sin sueños
1355 palabras
Continuación y final de Interferencia en el destino



Al día siguiente, cuando tu maestra lee tu tarea no está segura de que decirte ya que no es tan fácil como lo que tus compañeros han escrito. Así que todo lo que recibes es una sonrisa y un “seguro que lo consigues” mientras ella se queda pensando en las probabilidades de que tu deseo se hiciera realidad y te convirtieras, en pocas palabras, en una mantenida.

II
Algunos años han pasado desde aquella tarea escolar, muchos eventos han marcado tu vida y realmente ni siquiera recuerdas haber escrito algo. Aunque, mientras estás en tu habitación, tus deseos siguen y con más fuerza que nunca, quieres tenerlo todo.

Odias el frío con justas razones.

Tenías 18 años cuando te embarazaste y el tipo ni siquiera era tu novio. A ti de todas maneras te daba alegría saber que serías madre, después de todo eres mujer y es lo que las mujeres hacen. Por lo menos es lo que tu madre, tus tías y hermanas mayores te dijeron y tú no tenías motivos para contrariarlas. Estabas agradecida de que no te corrieran de casa y te fueran a ayudar con la bebé.

El embarazo fue normal, o lo normal entre la gente que vive en la pobreza dirás luego, pero de repente algo salió mal –el clima- y a la pobre niña de 10 días le vino una neumonía. En donde vives ahora, una neumonía no es nada, en donde vivías a los 18 era lo peor, más en una bebé sin manera de defenderse, sin los recursos –médicos, económicos, materiales- a su disposición.

Murió antes de que una semana pasara. Ni siquiera la habías bautizado, pensando que tenías toda una vida por delante, que la niña crecería para tener esa vida que tú tanto deseaste desde siempre. Una vez más todo se quedo en un sueño.

Pasaron cuatro años antes de que conocieras al futuro padre de tus hijos. No, él tampoco era tu novio ni nada parecido; reconoces que no fue más que una noche de calentura.

Al principio, no tenías pensado pedirle nada. De hecho, creías que nada podías pedirle, que era él pobre igual que tú y que estarías mejor por tu parte porque, de todos modos, ya no tenías tan claros aquellos deseos de la infancia.

Fuiste a la casa donde se hospedaba cuando tenías 3 meses de embarazo y comenzaba a notarse realmente. Su sorpresa era palpable al igual que, según tus propias creencias, la pobreza. Le dijiste que el bebé era suyo pero que no se sintiera obligado y luego saliste de la casa. Él no dijo nada.

Eran ya 7 meses de embarazo cuando en definitiva te saliste de tu casa para buscar algo un poco mejor en la ciudad. El trabajo estable, como sirvienta, ya lo tenías y pensabas que con eso era suficiente.

Pero tus jefes tuvieron que mudarse y terminaste en la calle con 8 meses de embarazo.

Años después ya no recuerdas quien te dijo que eras tonta por no pedir nada, que deberías buscarlo y que muy seguramente él no iba a huir.

Preguntaste a algunos conocidos dónde vivía ahora, pues ya no vivía en aquel pueblito aunque seguía trabajando ahí como maestro. Te tomo una semana dar con él. Le explicaste tu situación y él lo único que pregunto es que si era niño, que de ser así podías quedarte.

Él no era rico, ni mucho menos. Pero igual que una mujer debe sentirse feliz a la expectativa de ser madre, un hombre debe hacerse responsable ante el nacimiento, y durante toda la vida, de su primogénito. Nunca se casarón pero nunca te falto nada.

La casa no era grande pero era suficiente para los tres y algunas personas más que se quedaban allí a dormir regularmente. Por esto es que nunca le falto nada a tu bebé durante sus primeros 2 años, tenía a su padre que haría cualquier cosa por su comodidad, incluso le había pagado el viaje al abuelo para conocer al nieto cuando no quisiste que se llevarán a tu bebé, y también estaban todos sus –casi- tíos.

Te embarazaste de nuevo y tu felicidad sólo vino al enterarte de que esperabas una niña. Por los días en los que nació la niña alguna gente ya no volvió y sólo eran 5 viviendo en la casa. No importaba, había espacio suficiente para tú hija, no tendría que compartir nada.

Dormías con el padre de tus hijos, en la cama más grande que hubieras visto nunca. No trabajabas, dormías hasta que quisieras o cuando llegaba el niño a la habitación llorando por comida. No te gustaba cuidarlo, para eso estaban sus tíos, lo único que querías era a tu futura bebita.

Por necesidades de la infancia, que después fueron exigencias de trabajo, sabías cocinar de todo pero raramente lo hacías. Uno de los sujetos viviendo en la casa tenía la cocina como hobbie y lo hacía excelentemente bien que tu ayuda nunca fue requerida sino hasta después de nacer tu hija, cuando quedaron los 4 solos.

No era como en infancia, no te molestaba cocinar, ya que tenías todo lo necesario, todos los materiales e ingredientes para lo que quisieras. Él se encargaba de llenar la despensa todos los domingos, incluyendo siempre caramelos y galletas para los niños. Quedaba claro que él quería a ambos pero tenía cierta preferencia por el nene. No te molestaba, tú querías más a la niña.

Por las conexiones políticas y sociales del padre de tus hijos, a menudo te veías en medio de alguna fiesta “de ricos” como siempre la imaginaste de niña. Lo mejor era que ibas vestida perfecta para la ocasión, no desentonabas y muchas mujeres te halagaban e envidiaban no sólo el vestuario sino tu vida.

Ahora si que recordabas tus sueños, si que te admirabas de todo lo logrado, de que tenías más de lo que podías imaginar e incluso alguien más se hacía cargo de todo. No trabajabas, por un par de años no tuviste que saber absolutamente nada del quehacer de la casa. Todo era genial.

Los años pasaron y llego la cereza del pastel. No esperaban tener más hijos pues ya ambos habían satisfecho sus impulsos naturales, tenían la parejita y era suficiente.

Su concepción fue una serie de eventos desafortunados, el doctor estaba de vacaciones, luego no tuvieron tiempo de ir a programar tu operación para no tener más hijos, después se vino el año nuevo y no era la primera vez que concebían un bebé bajo la influencia del alcohol y la calentura.

La solución que los más allegados les daban era el aborto. Pero ustedes pensaban que era cruel así que la dejaron nacer.

Las cosas cambiaron, aunque no en tus sueños pues él nunca dejaría que algo les faltara a sus hijos, pero si en los ánimos; hablaban menos, discutían más. En ese ambiente nació y creció la niña, quien un día, cuando tenía 8 años, se entero de que fue totalmente accidental y de la gente que quería matarla sin conocerla siquiera y nunca fue la misma de antes, nunca los perdono a ninguno pero por alguna razón te llevabas la peor parte.

Lo vil de todo era que sabías la razón. La niña era como tú en el sentido de sus sueños. Le tenía rencor a su padre, sí, pero él le pagaba la escuela, las ropas, los juegos, le compraba dulces y caprichos varios. Exactamente lo que tú deseabas a su edad. No podías culparla en realidad.

Luego ya no sabes que pasó pero las peleas eran más frecuentes, la felicidad iba a menos y tú ya no podías vivir de la mera realización de tus deseos infantiles.

Así que un día aceptaste el ultimátum, recogiste tus pertenencias, las que siempre soñaste y él hizo realidad, y te fuiste de esa casa que había sido tu hogar por 20 años. Esperabas volver. Deseabas regresar.

Lo sigues deseando mientras estás en tu habitación, en tu apartamento donde sala y comedor son lo mismo y la cocina es una simple estufa, con todos tus sueños en mente, queriendo tenerlo todo de nuevo.
+++Fin

Nota1: Tanto el texto del cut como la inspiración original para está historia vienen de la canción de Babásonicos las mantenidas.
Nota2: y luego, cuando lo comenze, ficcione la vida de alguien qe conosco lo suficiente. Aún así hay mucha más ficción que realidad.


Bueno...las musas (ehembabásonicostusmusasoficialesiviE*) se estan portando bien, supongo. Aunqe no me den nada para WritersCanvas U___u
 
 
Estoy: content
Microdancing: Babásonicos - Bandido
 
 
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